Campus: Rocha y las “estructuras” ajenas 

Jaziel Trasviña Osorio 

Más allá de la compra de lealtades, el gobernador del estado Rubén Rocha Moya es claro en su operación política: trata de debilitar a las fuerzas vivas que le puedan disputarle el poder de cara al proceso del 2024. En este juego es donde siempre salen a relucir los políticos o funcionarios multicolores chambistas. 

En política no existen malas o buenas decisiones, morales o inmorales, simplemente todo se mide con base en los resultados de las acciones que determinan a la postre si el camino tomado fue el correcto. 

Aunado a eso las determinaciones políticas de las figuras a ese nivel no se basa en sentimientos, amistades o compañerismos; es un simple pragmatismo numérico el que inclina la balanza hacia uno u otro personaje. 

Esa es la razón que impulsa la decisión del gobernador de romper lazos con el partido Sinaloense y su fundador Héctor Melesio Cuén y el plan de la 4T  para adquirir o comprar a personajes priistas y panistas. 

En el cálculo gubernamental las nuevas adquisiciones del gobernador se supone que cuentan con “estructuras” que podrían ser competitivas en un proceso electoral, las cuales corrían el riesgo de ser absorbidas por sus partidos políticos de origen, lo cual orilló a incorporarlas al gobierno bajo negociaciones que penden de alfileres. 

EL PAS Y EL TRABAJO DE CUÉN 

Sin duda alguna que el Partido Sinaloense y su fundador han dado muestras de sobra de su efectividad estructural: el trabajo político y electoral ha sido determinante en las elecciones más recientes en Sinaloa. 

Prueba de ello es el mismo gobernador Rubén Rocha, el cual arribo al poder con el apoyo de miles de pasistas que operaron en su campaña; seguramente que en el proceso electoral Rocha conoció el alcance electoral del PAS. Ayer lo benefició y hoy lo tiene preocupado. 

Sin embargo, desde el Tercer Piso se dictan las reglas del juego: únete a quien te ofrezca más y traiciona a los amigos; en el equipo electoral de Morena hoy convergen fuerzas tan diferentes como antagónicas. 

En Sinaloa existen estructuras o grupos políticos diversos, desde los malovistas hoy grupo trébol, cuenistas, puchetistas, aguilaristas, quirinistas etc. El andamiaje que no se percibe o que más bien no existe es el rochista, es decir gente del gobernador; obviamente que muchos personajes hoy abrazan al Ejecutivo Estatal, pero igualmente abrazarían al que estuviera en esa Silla Principal. Sin embargo, el gobernador tiene el Mazo del Poder. 

De forma incierta el futuro electoral del proyecto de Rocha está sostenido por estructuras ajenas, y por personajes que basan sus decisiones en interés particulares o la negociación trianual o sexenal, quienes abandonarán el barco en cuanto no les convenga electoral y presupuestalmente. 

En los tiempos actuales en donde los aspirantes a obtener la candidatura presidencial de Morena buscan opciones que les representen posibilidades reales de triunfo, el gobernador se verá obligado a ofrecer para negociar a grupos, redes y estructuras que no le pertenecen. 

¿Podrá acaso el gobernador fortalecer un verdadero grupo de rochistas que opere a su favor, o seguirá “alquilando” equipos que únicamente lo apoyarán en momentos coyunturales? 

¿Valdrá la pena el costo político de perder a una militancia de a pie, de convicción, por incorporar a personajes ajenos que tarde o temprano lo traicionarán? 

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